«Un espacio de construcción vivencial de los conocimientos en la naturaleza. Para despertar vocaciones, generar habilidades propias y colectivas. Para educar para el bien vivir», así lo definen grandes y chicos en uno de los podcast que graban para compartir con la comunidad.
Este espacio surgió cuando el menor de sus hijos todavía aprendía en casa, al tener un grupo de desescolarizados, gente que acudía a verla de manera individual, decidió reunirlos para que se conocieran. “Creo que sí hay una cuestión social que los desescolarizados tenemos que resolver de alguna manera. Pensar que no hay ningún lugar que reúna condiciones propicias para los chicos genera algo de soberbia.”
La Granjuela tenía en un momento un grupo de desescolarizados, que estuvo buenísimo para ellos y sus familias. Y se empezó a dar naturalmente que empezaron a venir niños que si iban a la escuela. Era gracioso cómo miraban unas familias a otras, al principio supongo que con prejuicio hasta que se daban cuenta que eran niños como todos y adres como todos. Hicimos reuniones de padres, fue un tiempo muy rico.
Algunos decidieron entrar al secundario y otros construyeron una relación muy interesante con del secundario del pueblo, y se terminó oficializando de hecho que rindieran libre ahí.
Al principio fue difícil, porque hay profesores más reacios a las nuevas experiencias. Otros lo veían hasta con curiosidad. Mis hijos, que fueron punta de lanza, no lo pasaron muy bien, pero también aprendieron que se requiere fortaleza cuando estamos convencidos. Han reprobado, han llorado, he discutido con los profes, pero también nos hemos reído. Hoy me cruzo docentes por la calle que me pidieron disculpas años después. «Cuando llegaron tus hijos yo no entendía nada», se excusaban.